La disciplina escolar.

October 20, 2014

 

“La mayoría de las personas equiparan la disciplina a la ausencia de libertad (…) En realidad ocurre todo lo contrario. Sólo las personas disciplinadas son realmente libres. Las indisciplinadas 
son esclavas de los cambios de humor, de los apetitos y las pasiones”.

Stephen Covey

Últimamente, la creciente indisciplina de los alumnos es una de las quejas más frecuentes de los maestros, sin embargo pocos son los que se atreven a utilizar la palabra “disciplina” porque temen ser considerados retrógrados y autoritarios. La verdad es que el término siempre se ha asociado a castigo o represión, así que es tiempo de que le perdamos el miedo a la palabra, recuperemos su verdadero significado y sobre todo que sea implementada de manera correcta por el bien de los alumnos y de un aprendizaje eficiente.

Disciplina deriva de la palabra discípulo, que a su vez proviene del latín discere, que significa aprender, por otro lado, estudiante deriva del latín studere, que significa esfuerzo; de manera que, cuando hablamos de disciplina en su más pura expresión, estaríamos aludiendo al esfuerzo que hace el estudiante por aprender. Sin embargo discípulo y disciplina tienen una relación poco afortunada ya que antiguamente los castigos eran la manera en que el maestro controlaba a sus alumnos, con lo que el término se volvió negativo, perdiendo su verdadera esencia. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) lo define como: “doctrina o instrucción de una persona especialmente en el ámbito de lo moral”

La realidad es que la disciplina escolar se ha convertido en un tema que preocupa a maestros y padres de familia y que tiene una enorme importancia desde el punto de vista social. Vivimos tiempos de extrema violencia, misma que los medios de comunicación se empeñan en replicar de manera ficticia, como si no tuviéramos bastante con la real. Esta misma violencia se manifiesta fuera y dentro de los planteles escolares, dando la impresión de que es la única manera de resolver los problemas. De poco sirven la gran variedad de proyectos sobre educación para la paz y resolución de conflictos, educación para la ciudadanía y la democracia o la educación para los derechos humanos, ya que es tan fuerte la influencia del ambiente que está impactando seriamente en el quehacer del aula.

 

 

 

 

Además de lo anterior, existen maestros que aún tienen el concepto de que disciplinar es reprimir, convirtiendo su salón en un espacio sin ley ni orden y poco propicio para el aprendizaje; padres de familia que solapan la mala actuación de sus hijos y que no permiten que reciban ninguna sanción, aunque se trate de la consecuencia lógica a un acto reprobable; y por si fuera poco, alumnos que ante el menor asomo de exigencia, amenazan a los maestros con denunciarlos a la Comisión de Derechos Humanos. Ante esta distorsión de ideas y conceptos, las consecuencias saltan a la vista y no nos queda más remedio que reconocer que está faltando la disciplina, pero en su auténtica acepción.

Hay que empezar por entender que en cualquier lugar donde exista un grupo de personas que conviven, trabajan o estudian, se necesitarán una serie de normas que disciplinen el comportamiento para lograr el orden social. Esto en la escuela es doblemente importante porque son personas en formación, por tanto los límites se convierten en valiosas herramientas para asegurar ese orden y también el respeto a maestros alumnos.

Los límites, tanto en la escuela como en la casa, proporcionan una gran seguridad a los niños, ya que con ellos saben lo que pueden o no hacer, el porqué y las consecuencias de no cumplirlos. Por otro lado, los padres necesitan unir esfuerzos con los maestros y no actuar en casa con un código de conducta diferente al que se aplica en la escuela, cediendo a los caprichos de sus hijos y desautorizando a los maestros. Me gusta mucho lo que dice al respecto, Maimónides (filósofo cordobés del siglo XII):”Así como uno debe honrar y temer a su padre, también está obligado a honrar a su maestro, incluso más que al propio padre. Porque si bien éste lo ha traído al mundo, al enseñarle es el maestro el que lo introduce al mundo por venir“.

Sin embargo, a pesar de la exaltación que hace Maimónides del maestro, hay que señalar que en algunas ocasiones también es responsable de la falta de disciplina en el aula, cuando se niega a exigirles temiendo perder el apelativo de “buena onda”; o cuando no planifica sus actividades y no prepara las clases; o cuando no tiene ninguna metodología que le ayude a organizar su trabajo en el aula. Todo eso lo captan los alumnos enseguida y tienden a cooperar con el desorden del maestro, haciendo más grande el caos.

La disciplina escolar bien entendida es la que contribuye al logro de los objetivos educativos, por tanto, empieza con la construcción de ambientes que favorecen el aprendizaje; que contempla también una excelente planeación del trabajo y una organización eficaz; que desarrolla además la fuerza de voluntad y el autodominio del alumno, entre otros valores; y sobre todo, que maneja abiertamente, normas, consecuencias claras y mucho respeto.

 

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